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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2014

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2014

Al Señor José Graziano da Silva

Director general de la FAO

1. Un año más, la Jornada Mundial de la Alimentación se hace eco del grito de tantos hermanos y hermanas nuestros que en diversas partes del mundo no tienen el pan de cada día. Por otra parte, nos hace pensar en la enorme cantidad de alimentos que se desperdician, en los productos que se destruyen, en la especulación con los precios en nombre del dios beneficio. Es una de las paradojas más dramáticas de nuestro tiempo, a la que asistimos con impotencia, pero a menudo también con indiferencia, «incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, [...] como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe» (Evangelii Gaudium, 54).

A pesar de los avances que se están realizando en muchos países, los últimos datos siguen presentando aún una situación inquietante, a la que ha contribuido la disminución general de la ayuda pública al desarrollo. Pero más allá de los datos, hay un aspecto importante del problema que no ha recibido todavía la debida consideración en las políticas y planes de acción: quienes sufren la inseguridad alimentaria y la desnutrición son personas y no números, y precisamente por su dignidad de personas, están por encima de cualquier cálculo o proyecto económico.

También el tema propuesto por la FAO para la presente Jornada –Agricultura familiar: Alimentar al mundo, cuidar el planeta– pone de relieve la necesidad de partir de las personas, como individuos o como grupos, a la hora de proponer nuevas formas y modos de gestión de los diferentes aspectos de la alimentación. En concreto, es necesario reconocer cada vez más el papel de la familia rural y desarrollar todas sus potencialidades. Este año dedicado a la agricultura familiar, que ahora concluye, ha servido para constatar de nuevo que la familia rural puede responder a la falta de alimentos sin destruir los recursos de la creación. Pero, para ello, hemos de estar atentos a sus necesidades, no sólo técnicas, sino también humanas, espirituales, sociales y, por otra parte, tenemos que aprender de su experiencia, de su capacidad de trabajo y, sobre todo, de ese vínculo de amor, solidaridad y generosidad, que hay entre sus miembros y que está llamado a convertirse en un modelo para la vida social.

La familia, de hecho, favorece el diálogo entre diversas generaciones y pone las bases para una verdadera integración social, además de representar esa deseada sinergia entre trabajo agrícola y sostenibilidad: ¿quién se preocupa más que la familia rural por preservar la naturaleza para las próximas generaciones? ¿y a quién le interesa más que a ella la cohesión entre las personas y los grupos sociales? Ciertamente las normas y las iniciativas en favor de la familia, en el ámbito local, nacional e internacional, distan mucho de colmar sus exigencias reales y esto es un déficit que hay que atajar. Está muy bien que se hable de la familia rural y que se celebren años internacionales para recordar su importancia, pero no es suficiente: esas reflexiones tienen que dar paso a iniciativas concretas.

2. Defender a las comunidades rurales frente a las graves amenazas de la acción humana y de los desastres naturales no debería ser sólo una estrategia, sino una acción permanente que favorezca su participación en la toma de decisiones, que ponga a su alcance tecnologías apropiadas y extienda su uso, respetando siempre el medio ambiente. Actuar así puede modificar la forma de llevar a cabo la cooperación internacional y de ayudar a los que pasan hambre o sufren desnutrición.

Nunca como en este momento ha necesitado el mundo que las personas y las naciones se unan para superar las divisiones y los conflictos existentes, y sobre todo para buscar vías concretas de salida de una crisis que es global, pero cuyo peso soportan mayormente los pobres. Lo demuestra precisamente la inseguridad alimentaria: si bien es cierto que, en diversa medida, afecta a todos los países, la parte más débil de la población mundial recibe sus efectos antes y con más fuerza. Pensemos en los hombres y mujeres, de cualquier edad y condición, que son víctimas de sangrientos conflictos y de sus consecuencias de destrucción y de miseria, entre ellas, la falta de casa, de atención médica, de educación. Llegan incluso a perder toda esperanza de una vida digna. Para con ellos tenemos la obligación, en primer lugar, de ser solidarios y de compartir. Esta obligación no puede limitarse a la distribución de alimentos, que puede quedarse sólo en un gesto "técnico", más o menos eficaz, pero que se termina cuando se acaban los suministros destinados a tal fin.

Compartir, en cambio, quiere decir hacerse prójimo de todos los hombres, reconocer la común dignidad, estar atentos a sus necesidades y ayudarlos a remediarlas, con el mismo espíritu de amor que se vive en una familia. Ese mismo amor nos lleva a preservar la creación como el bien común más precioso del que depende, no un abstracto futuro del planeta, sino la vida de la familia humana, a la que le ha sido confiada. Este cuidado requiere una educación y una formación capaces de integrar las diversas visiones culturales, los usos, los modos de trabajo de cada lugar sin sustituirlos en nombre de una presunta superioridad cultural o técnica.

3. Para vencer el hambre no basta paliar las carencias de los más desafortunados o socorrer con ayudas y donativos a aquellos que viven situaciones de emergencia. Es necesario, además, cambiar el paradigma de las políticas de ayuda y de desarrollo, modificar las reglas internacionales en materia de producción y comercialización de los productos agrarios, garantizando a los países en los que la agricultura representa la base de su economía y supervivencia la autodeterminación de su mercado agrícola.

¿Hasta cuándo se seguirán defendiendo sistemas de producción y de consumo que excluyen a la mayor parte de la población mundial, incluso de las migajas que caen de las mesas de los ricos? Ha llegado el momento de pensar y decidir a partir de cada persona y comunidad, y no desde la situación de los mercados. En consecuencia, debería cambiar también el modo de entender el trabajo, los objetivos y la actividad económica, la producción alimentaria y la protección del ambiente. Quizás ésta es la única posibilidad de construir un auténtico futuro de paz, que hoy se ve amenazado también por la inseguridad alimentaria.

Este enfoque, que deja ver una nueva idea de cooperación, debería interesar e implicar a los Estados, a las instituciones y a las organizaciones de la sociedad civil, así como a las comunidades de creyentes que, con múltiples iniciativas, viven a menudo con los últimos y comparten las mismas situaciones y privaciones, frustraciones y esperanzas.

Por su parte, la Iglesia católica, a la vez que continúa su actividad caritativa en los diversos continentes, está dispuesta a ofrecer, iluminar y acompañar tanto la elaboración de políticas como su actuación concreta, consciente de que la fe se hace visible poniendo en práctica el proyecto de Dios para la familia humana y para el mundo, mediante una profunda y real fraternidad, que no es exclusiva de los cristianos, sino que incluye a todos los pueblos.

Que Dios Omnipotente bendiga a la FAO, a sus Estados miembros y a cuantos dan lo mejor de sí para alimentar al mundo y cuidar el planeta en beneficio de todos.

Vaticano, 16 de octubre de 2014

Francisco
 
Guatemala: Exigen derogación Inmediata de Ley Monsanto

(Ciudad de Guatemala, 27 de Agosto de 2014) Que se derogue el decreto ley 19-2014 Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales, Ley Monsanto es lo que pide el pueblo de Guatemala al Congreso de la república.

El pasado diez de junio mientras se desarrollaba el Mundial de futbol Brasil 2014, con 81 votos a favor del total de 158 diputados del Congreso de la República, aprobaron la Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales llamada también ley Monsanto; misma que fue publicada en el diario oficial el jueves 26 de junio de 2014.

El rechazo rotundo a la Ley Monsanto ha sido evidente por parte del pueblo campesino e indígena del país porque atenta contra la soberanía alimentaria y la vida ya que con la aprobación de dicho decreto ley se abre la puerta a la privatización de las semillas criollas.

Según detalla el artículo uno del decreto ley ésta tiene como objeto el reconocimiento y protección de los derechos del obtentor (autor) de una variedad vegetal nueva, amparado en un título de protección vegetal; es decir ampara la propiedad intelectual de las variedades vegetales supuestamente nuevas en el país.

Para la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo CLOC Vía Campesina en Guatemala, dicha ley es como una bomba para el pueblo de Guatemala que vive de la agricultura y que desde miles de años han sido protectores de las semillas nativas.

Aracely Saucedo de la Comisión Política de la CLOC Vía Campesina dijo que exigen la derogación total de la ley porque no se va a aceptar que se privatice lo que les pertenece a los pueblos.

Dijo que la Ley Monsanto viola derechos de los pueblos y las personas, entre ellos el de la soberanía alimentaria que es uno de los principios de la CLOC Vía Campesina.

"Para nosotras las mujeres que somos administradoras y cuidadoras de las semillas es indignante las políticas de despojo", señaló Saucedo quien agregó que hacen un llamado a las y los campesinos del mundo aglutinados en la CLOC Vía Campesina a pronunciarse y mostrar solidaridad con la lucha del pueblo de Guatemala para que se derogue en su totalidad la Ley Monsanto.

La Ley Monsanto pretende privatizar la agricultura ya que en su artículo cuatro refiere que inicialmente la ley será aplicada a por lo menos 15 géneros vegetales, y en un plazo de diez años a partir de la entrada en vigencia, la ley se aplicará a todos los géneros y especies vegetales. Con dicha ley toda variedad vegetal genéticamente modificado podrá patentarse y cualquiera que reproduzca o produzca cualquier tipo de vegetales patentados sin autorización será sancionado con prisión de uno a cuatro años y una multa entre los 1,000 a 10,000 quetzales según el artículo 50 de dicha ley.

Hombres y mujeres de Guatemala han señalado que harán uso de su derecho a manifestarse para exigir la derogación total del decreto ley 19-2014 Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales, tomando como ejemplo la lucha de diferentes pueblos que a través de la resistencia y lucha han logrado frenar leyes que atentan contra la soberanía alimentaria.

Publicado el Jueves, 28 Agosto 2014

  

 
Gobierno de Costa Rica declara al maíz como Patrimonio Cultural

Declaran el maíz criollo patrimonio cultural de los costarricenses

 El Ministro de Agricultura y Ganadería de Costa Rica, Luis Felipe Arauz, y la Ministra de Cultura, Elizabeth Fonseca, firmaron el viernes por la mañana, en el Consejo de Gobierno que se celebra en la ciudad de Nicoya (noroeste), el decreto que declara el maíz patrimonio cultural de Costa Rica, informan los medios locales.

El decreto, además de declarar como patrimonio las variaciones autóctonas de maíz, protege las prácticas de cultivo y las tradiciones asociadas a este grano.

Luis Guillermo Solís, presidente de Costa Rica decretó, en conjunto con el Ministerio de Ganadería y de Cultura al grano de maíz como patrimonio cultural de su país.

El presidente centroamericano, subrayó la importancia que tiene esta fuente de alimento para todos los estratos sociales de su país, y señaló que se ha “declarado patrimonio, para que no quepa la menor duda que ese grano extraordinario generó las más luminosas civilizaciones de Mesoamérica, también será reconocido como el ombligo y fuerza matriz de la nacionalidad costarricense”.

Este decreto engloba también el cuidado de las variaciones autóctonas que pueda tener el grano dentro de Costa Rica, además de dar especial atención a las prácticas de su cultivo y posterior cosecha. Se pretende ponderar el aspecto “agro – cultural” del maíz a través del acervo cultural que se desprende y se ha desprendido del mismo a lo largo de la historia.

“La herencia de nuestros ancestros, que por años forjaron lo que hoy en día es una tradición, motivó el compromiso estatal que procura el fortalecimiento de estas tradiciones”, afirmó Solís.

 

De esta manera el grano, su expresión gastronómica y cultural e incluso su siembra cuentan desde ya con el respaldo del Ministerio de Cultura costarricense para su conservación y fomento. 

 

 

 
 
 
 
 

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