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Discurso de José “Pepe” Mujica, presidente de Uruguay

Discurso de José “Pepe” Mujica, presidente de Uruguay,  del martes 25 de marzo en la reunión de COPROFAM realizada en Montevideo



 

Ustedes tienen que entender que yo soy nacido en este país y gran parte de mi horizonte intelectual tiene que ver con las características positivas y negativas que tiene la historia de mi sociedad. El término “campesino” en el Uruguay es “sapo de otro pozo”. El interlocutor no se siente aludido. Es un término intelectual que llega por los intelectuales preocupados por el problema de la tierra, pero que no son ellos en sí campesinos que vivan del trabajo campesino. Son admiradores, servidores, vendedores de servicios, pero a los que podríamos llamar “real campesinos”, no se sienten convocados por ese nombre.

En segundo término, fuimos tan bárbaros que la realidad indígena desapareció en nuestro país. Nuestra historia es tan bárbara que si algún indígena quedó, por su propia seguridad se mezcló con la identidad del aluvión de gente que venía de otras partes.

Yo vengo de un país pecuario. Por mucho tiempo aquí no valía la pena sembrar trigo porque era más fácil carnear una vaca. Eso creó un personaje, un modo de ser y una historia. Fuimos muy tempranamente un país cuya población se distribuyó como si fuéramos un país industrial. Es decir, el campo se despobló y la gente se concentró porque la hacienda ganadera no precisaba mucha gente, la expulsaba. Muy tempranamente tuvimos un campo vacío.

Si hubiéramos sido un país maicero, algodonero o azucarero, a la hora de la cosecha hubiéramos necesitado miles de brazos y hubiéramos tenido un cambio social muy distinto. Pero fuimos un país pecuario que conformó una sociedad distinta.

Naturalmente estoy hablando de la historia que formó al Uruguay, pero las palabras, los conceptos, las diferencias, por algo se dan. No es que no tengamos estructuralmente algo que podemos nombrar como agricultura familiar. Si nos atenemos a los números, tendríamos que decir que hay ganaderos familiares, es decir, pequeños ganaderos criadores son la masa más grande de gente familiar del Uruguay. Son gente que vive de criar unos cuantos terneros, de venderlos, de mantenerlos medio por milagro. Por supuesto, hay un manchón de gente que se ha desarrollado en la horticultura y que ha tenido que ver con el abastecimiento de la ciudad. Pero Uruguay es el país más urbanizado de América y del Mundo con el 42% de su población viviendo en la Capital. Un desastre, una brutal concentración.

Con esas salvedades, hemos tenido un impacto importante con las transformaciones contemporáneas. El alud migratorio que nos formó como país, mucho tuvo que ver con algo parecido a la agricultura familiar. Hubo gente de la patria vieja que no encontró mejor forma de hacer plata que vender pedazos de campo a pobres que venían de Europa. Algo que en la Argentina pasó con la consigna de Roca de que “hay que echar el gringo hacia la Pampa”, acá se dio de otra manera. Se produjo una colonización privada y a esa gente, si la ubicamos históricamente en nuestros bisabuelos, eran familias afincadas en la tierra con un sentido del autocultivo muy fuerte, del autoabastecimiento, gente que carneaba chanchos entreverado con algún ternero, que plantaba diversas cosas, frutas, papa, pero la base de la cultura contemporánea y mercantilista hizo pelota todo eso.

Hoy estamos en un mundo cada vez más especializado, con una clase media rural semiempresarial que tiene importancia en la presencia de algunas empresas y con una faja de unas 20 mil familias aproximadamente, la inmensa mayoría de ellos pequeños ganaderos, que tienen hambre de tierra, tienen inseguridad ante el fenómeno de la tierra, y por eso la alegría de una política de protección de la agricultura familiar en el Uruguay, se llama fortificar el Instituto de Colonización a “cara de perro”.

Lo que nos pasa con esto muy sencillo: un paisano que de alguna manera logra sobrevivir con sus terneros, y no necesariamente los hijos quieren seguir. Cuando muere el viejo, los hijos quieren vender y compra algún fuerte de al lado. Con el fenómeno de la tierra encontramos otro que tiende a la desaparición. Los que pueden tener vocación de trabajar no tienen oportunidad. La economía de mercado no va a dar jamás oportunidad. Si el Estado no toma esto como un eje de política social distributiva, manteniendo crecientemente la faja de territorios que va comprando de alguna manera y que sirve para afincar pero no para hacer una fábrica de pobres, sino para darle una estatura media y un margen de seguridad que le permita a la gente vivir acorde con lo que son los dilemas culturales y contemporáneos. Porque hay mucha agricultura familiar pero no le podemos pedir a las nuevas generaciones que soporten las penurias de nuestros abuelos porque no van a bancar, porque el mundo cambió. Hay otras exigencias. Hay algunos pocos locos sueltos que sí, pero no hacemos patriada, somos pocos. La tendencia global es que las demandas de la gran ciudad, culturalmente van cayendo sobre la gente. Entonces tenemos que apostar a gente que tenga ingresos que les permitan incorporarse a la vida moderna, sin pasarse por otro lugar.

El otro factor que veo es el de la organización colectiva, mediante cooperativas o sociedades, o bajo la forma que sea. En gran medida, algunas colonias del Uruguay tuvieron esa virtud. Pero así como empieza a desarrollarse la empresa de servicios por todas partes en el campo rural, para la gran agricultura, hay que entender que hay ciertos problemas de escala que la gente sola no se la puede dar, pero colectivamente si. Hay que trabajar mucho en la mentalidad colectiva y esto cuesta mucho. Los paisanos de mi país somos muy individualistas y con esa cultura no vamos a sobrevivir. Hay que copiarle cosas a la gran empresa, sin ser la gran empresa. La actividad de servicios puede ser  un núcleo humano también repartido. Eso implica trabajar mucho en la cultura porque también en la agricultura familiar no se tiende a desaparecer solo por culpa de otro, también lo hace por insuficiencias nuestras. En el mundo en el que vivimos, nadie nos va a tener lástima. Hay que tener fuerza, y para ello, los chicos tienen que juntarse con sus iguales, y para hacerlo, no hay que andar viendo los defectos del otro, porque si no, nadie sirve para nada. Hay que tener un gran sentido de apertura y tolerancia para construir ciertas unidades que nos permitan pelear. Muchas veces el agricultor familiar, adentro del campo tiene una eficiencia brutal con los recursos que tiene, pero sucumbe afuera porque tiene problemas en la venta o murió en la compra. Siempre compra más caro y vende más barato. Tiene dificultades que no las puede superar. Es un gran trabajador adentro del campo porque se autoexplota, pero lo matan de afuera. El paragolpes para frenar eso es la unidad. Hay que luchar en el campo asociativo, juntarse y gastar horas en aprender a conciliar los problemas.

Creo que los gobiernos tienen mucho que hacer, pero los gobiernos no están hechos de agricultores familiares. Primero no tienen casi agricultores, ni paisanos, ni nada que se les parezca. Hablar de la tierra es como hacer una maldad. Gobiernan el mundo las megalópolis, son hombres de las grandes ciudades, sobre todo economistas, “esos imprescindibles”.

En el Uruguay no tenía condiciones como para poder renunciar al agronegocio, porque tiene una dependencia notoria en materia de balanza exterior. Después de la aparición de China en el mundo, revalorando cosas que durante cincuenta años estuvimos maldiciendo en términos de intercambio, se nos dio vuelta. Ahora lo que vendemos nosotros vale cada vez más y los productos industriales valen cada vez menos. Años atrás esto no pasaba. A nosotros se nos fue la juventud renegando con los términos de intercambio. Para comprar un mismo tractor cada vez teníamos que poner más carne, más kilos de trigo, pero de repente el mundo cambió. Por lo menos por ahora. Quiero decir que ese fenómeno fue muy fuerte en nuestra economía porque duplicó nuestro haber económico. Entonces, cómo les digo a mis paisanos que no planten soja transgénica. Me sacan a patadas. Porque a esa soja no la impuso ningún gobierno, se la empezaron a pasar entre ellos, y se acabó. La agricultura argentina tuvo la virtud de contrabandear la semilla para todos lados y ahora Monsanto que le vaya a cobrar al Rey de Borgoña. ¿Por qué? Porque es negocio.

No todo es lo mismo. Nosotros tenemos 800 mil hectáreas dedicadas a la lechería que cada vez anda mejor. La masa más importante de productores lecheros entra en la categoría de productores familiares. Hay empresas grandes pero la inmensa mayoría de productores lecheros es típicamente de agricultura familiar. Eso está demostrando que tiene capacidad de pelear en el mundo. Y cuando uno va a Nueva Zelanda y recorre, se da cuenta que la masa de productores lecheros son familiares.

El agronegocio y la gran empresa caminan en los mismos frentes pero no en todos trabajan igual, ni tienen las mismas posibilidades. Esto hay que entenderlo. No creo que en el campo de la horticultura, de servicio a las ciudades, el agronegocio pueda cubrir los desafíos que hay por delante. Creo que hay un campo muy ancho para trabajar en ese sentido.

Aunque hay intelectuales que pronostican la desaparición de la agricultura familiar, hace muchos años que está desapareciendo, pero no hay caso, no desaparece. Y no lo hace porque tiene cierto grado de vigencia económica que le permite resistir, porque llega a ciertos lugares a los que la gran agricultura no va. En el mundo calificado, europeo, empieza a haber una revaloración cultural del tipo de alimentos. Tal vez estamos evolucionando hacia un tipo de comida diferenciada. Y como siempre, los que tienen mucha plata van a ser consumidores de productos de la agricultura familiar y los que no, no van a llegar. Esto se empieza a notar cada vez más en Europa como una costumbre porque viene también un afinamiento de carácter intelectual en la población, y la clase media con cierto poder adquisitivo, tiende a desarrollar otro tipo de demanda con la aparición de otro tipo de mercado más artesanal.

No creo en esa cosa que es una aplanadora, en donde lo único que va a haber es una gran empresa para tal o cual cosa. He visto en Europa a productores de cerdo con su marca vendiendo sus chorizos. Acá todavía no lo hacemos porque no sabemos qué le ponemos adentro, pero nos vamos a ir civilizando. No sé por qué no se va a poder vender un salame casero con todas las garantías.

Yo creo que hay que luchar por todas las formas para agregar valor. La agricultura familiar no debe ser una fábrica de pobres, debe ser diferenciada, distinta y creadora, y que la gente que esté metida en ella no por castigo, sino por otra cosa. No puede ser la epopeya de los condenados de la tierra, no puede ser un flagelo de los que se están muriendo. Tiene que ser algo que se empiece a hilvanar con el porvenir. Esto daría para discutirlo mucho pero el mundo no va a ser UNA cosa, va a ser MUCHAS. La vida en los pueblos no va a ser UNA, va a ser MUCHAS cosas. Por eso creo que hay un margen pero hay que luchar por la organización colectiva de las familias, por la seguridad en la tierra, y eso lo puede arreglar solamente el Estado.

El Estado tiene que disponer de tierra y arrendarla razonablemente a la gente que demuestre que tiene capacidad para trabajarla, y cuando deja de tener capacidad por razones de edad, “afuera y bailando” y que venga otro más joven a ocupar ese lugar. Así de sencillo. Pero no se transfiere la propiedad de la tierra. La tierra está allí y el Estado tiene que cumplir ese papel y no trabajar ni un milímetro de esa tierra, pero tiene que servirle a las familias que trabajen, dar una oportunidad y dar estabilidad. Si dejamos el fenómeno de la tierra en manos del mercado, perdemos. La tierra es la fuente de especulación más grande que existe. Hay actividades como la gran minería que en el fondo son especulación de carácter inmobiliario, con algo que producen, pero la gran apuesta es la suba del valor de la tierra en el largo plazo. Esa es la verdadera generadora de valor y la escala va a subir cada vez más en el mundo porque la tierra es siempre la misma pero cada vez hay más necesidad. Entonces, si el Estado no cumple y controla esto, ese será el mayor peligro que tiene la agricultura familiar. Junto con las costumbres, porque los hijos no necesariamente van a hacer lo mismo que hicieron sus padres, y cuando éstos desaparecen, venden el pedacito de campo se van a la ciudad o se compran un camión, un auto o una moto o lo que fuere. Y tienen derecho a usar su libertad y su libre albedrío, estas cosas no se pueden imponer, o nacen o no. Yo sé que uno puede tener nostalgia y querer que sus hijos continúen, pero la nostalgia es bárbara para hacer tangos, pero uno tiene que ver lo que son las realidades. Ahí tiene que estar el Estado, que permanece con la tierra, que nos oferta permanentemente, no mucha para que no se crea demasiado gorda la cincha, y no poca como para que sea un condenado a la pobreza.

Eso es en parte por lo que tenemos que luchar. Les agradezco, compañeros de América Latina

 
DECLARACIÓN DE MONTEVIDEO

Diálogo Regional de planificación y movilización por el Año Internacional de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena- AIAF CI 2014

 

DECLARACIÓN DE MONTEVIDEO

Entre los días 24 al 25 de marzo del 2014 en la Cuidad de Montevideo, 15 Comités nacionales y 1 regional del Caribe junto a las doce organizaciones de la COPROFAM en el marco del Dialogo regional de planificación y movilización del año internacional de la agricultura familiar e indígena realizamos el siguiente pronunciamiento.

A nivel mundial se ha identificado que los niveles de hambre de la población se han reducido, sin embargo en América Latina y el Caribe, región eminentemente productora de alimentos, persisten dramáticas desigualdades con impactos significativos en temas de alimentación y políticas públicas, y continúan siendo alarmantes la desnutrición y la malnutrición. En numerosos países, los hábitos alimentarios se han modificado, impuestos por las compañías procesadoras de alimentos, con consecuencias severas en los índices de obesidad y de desnutrición crónica.

Por esto demandamos a los gobiernos de la región revertir el avance del actual modelo económico basado en el monocultivo y las grandes empresas agroalimentarias.

En los años más recientes, hemos logrado dar visibilidad al aporte de los agricultores familiares en la producción de alimentos saludables y hemos demandado políticas públicas diferenciadas, para que los estados garanticen las condiciones necesarias para el fortalecimiento de la agricultura familiar y se detenga el avance del agronegocio, que desplaza a la población rural y transforma los territorios rurales. Articulaciones como la COPROFAM y la REAF han sido fundamentales para la construcción de propuestas y la incidencia política de las organizaciones de agricultores familiares de América del Sur.

El trabajo alrededor del Año Internacional de la Agricultura Familiar ha fortalecido el dialogo de nuestras organizaciones a nivel mundial y con la conformación de Comités Nacionales ha generado ámbitos de diálogo entre organizaciones de agricultores familiares, campesinos e indígenas en aquellos países en los cuales no existían espacios para la construcción de propuestas a nivel nacional.

Nosotros consideramos que persisten y se agudizan los problemas relacionados con el acceso a la tierra; los derechos territoriales de agricultores familiares, campesinos e indígenas; el impacto y los efectos del cambio climático en la agricultura familiar y en la producción de alimentos; el patentamiento de la biodiversidad y las políticas nacionales sobre transgénicos que atentan contra los derechos de uso de las semillas; el acceso al agua; el tratamiento impositivo de los agricultores familiares; la persecución de líderes campesinos y la criminalización de la luchas de las organizaciones de agricultores familiares, campesinos e indígenas.

Los desalojos violentos de familias campesinas e indígenas de sus territorios tradicionales y la expulsión sistemática de la población rural, en particular de mujeres y jóvenes, provoca un impacto en la seguridad identidad y reproducción de los saberes de nuestras familias, con consecuencias demográficas y sociales en las grandes ciudades. La debilidad institucional y la falta de legislación efectiva de desarrollo rural, compromete los avances alcanzados hasta el momento, resultando en políticas asistencialistas, patriarcales y adulto-céntricas que no transforman las condiciones estructurales actuales.

En particular demandamos en el Año Internacional de la Agricultura Familiar:

• Implementar o fortalecer programas de compras públicas para la agricultura familiar y programas de protección a las semillas nativas.

• Garantizar políticas sociales, educativas, de salud (con foco en la mujer), de infraestructura rural, que mejoren la calidad de vida de la población rural.

• Reconocimiento, rescate y protección de saberes y conocimientos ancestrales, culturales, asociados al ámbito familiar y comunitario.

• Desarrollar sistemas de registros participativos de la agricultura familiar y garantizar el uso y su aplicación en las políticas nacionales y regionales.

• Fortalecer los intercambios de experiencias y los procesos de formación.

• Garantizar la inversión pública para la ejecución de las políticas a favor de la agricultura familiar, asegurando que la misma llegue de forma efectiva a las organizaciones de la agricultura familiar.

• Garantizar la seguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra y territorio los recursos naturales, agua, tierra.

• Promover investigación y difusión sobre el aporte de la agricultura familiar a la diversidad cultural y alimentaria.

• Visibilizar la inversión que hace la agricultura familiar en beneficio de la producción nacional y el abastecimiento de alimentos de las poblaciones, así como el aporte de la agricultura familiar a la protección del medio ambiente y la diversidad cultural.

• Promover la transferencia de tecnologías adecuadas a la agricultura familiar.

• Los programas de apoyo alimentario consideren hábitos alimentarios.

• Priorizar a los jóvenes y mujeres en el centro de las políticas de fortalecimiento de la agricultura familiar, reconociendo su aporte y participación.

• Fortalecer los mercados locales promoviendo ciclos cortos de producción y consumo urbano y rural, y rural - rural.

• Fortalecer y promover los espacios de dialogo de organizaciones de agricultores familiares campesinos e indígenas, y estado (s) como ejercicio democrático y de derechos participativo.

• Articular con organizaciones y mecanismos de otras regiones propuestas de dialogo de agricultores familiares, campesinos e indígenas.

• Fortalecer los espacios de integración regional en función de las articulaciones para la agricultura familiar, armonización de las políticas a favor de la agricultura familiar, campesina e indígena.

• Promover reformas fiscales progresivas que reduzcan la presión tributaria sobre los productores familiares campesinos e indígenas, que garanticen los presupuestos e inversiones públicas en agricultura familiar.

• Valorar el aporte y participación de los pueblos indígenas y originarios a la agricultura familiar, y defensa de su autonomía de tierra y territorio.

• Considerar la declaración de los líderes mundiales de la Agricultura Familiar de Abu Dabhi, la Declaración del Foro de la Agricultura Familiar de la CELAC y las propuestas de las políticas de la REAF.

Para que estas demandas se escuchen en el continente y el mundo, Convocamos a toda las organizaciones de agricultores familiares, campesinos e indígenas de la Región Latinoamérica y el Caribe a una Jornada de protesta y movilización en Octubre, mes del derecho a la alimentación.

POR LOS COMITÉS NACIONALES DEL AÑO INTERNACIONAL DE LA AGRICULTURA FAMILIAR

Omar Gabriel Príncipe

ARGENTINA

Justino Loayza

BOLIVIA

Willian Clementino da S. Matias

BRASIL

Dagoverto Vargas

COSTA RICA

Mario Bonilla

COLOMBIA

Manuel Llao

CHILE

Fernando Rosero

ECUADOR

Alvaro Caballeros

GUATEMALA

Yunuel Cruz

MEXICO

Gustavo Toruño

NICARAGUA

Florinda Silva Colman

PARAGUAY

Lucila Quintana Acuña

PERU

Yanela Besterli

URUGUAY

 

POR LAS ORGANIZACIONES REGIONALES DEL CONTINENTE Y EL FORO RURAL MUNDIAL

Pamella Thomas

CAFAN - CARIBE

Alessandra da Costa Lunas

COPROFAM – MERCOSUR AMPLIADO

Jose Maria Cerberio – Auxtin Ortiz Etxeberria

FORO RURAL MUNDIAL

POR LAS ORGANIZACIONES AFILIADAS A COPROFAM

 

Federación Agraria Argentina – FAA

• Eduardo Oscar Buzzi

• Omar Gabriel Principe

• Alicia Gladis Tomaszuk

• Liliana Mariela Agüero

• Marisa Elizabeth Boschetti

• Martha Susana Aicardi

• Lorena Gennero

• Marcia Soledad Carrara

• Mariana Soledad Echaguibel

• Evangelina Codoni

• Miguel Perez

• Marcelo Manuel Perez

• Anibal Horacio Pugnaloni

• Guillermo Rufinatti

• Beatriz Zulma Rodríguez

• Luis José Mamarella

• Luciana Valeria Soumoulou

• Mónica Graciela Seilier

• Juan de Dios Herrera

• Luciano Matías Salaberria

• José Antonio Umipierrez

• Rogelio Alberto País

• Diego Armando Plagialunga

• Guillermo Dalmacio Correa

• Erik Sergio Muñoz

 

COORDINADORA DE INTEGRACIÓN DE ORGANIZACIONES ECONÓMICAS CAMPESINAS, INDÍGENAS Y ORIGINARIAS DE BOLIVIA (CIOEC-BOLIVIA)

 

• Justino Loayza

• Adela Baltazar Quelca

• Ana Isabel Ortiz

• Julián Copa Torrez

• Paublo Almendras

• César Gómez López

• Lino Magin Chambi

• Teresa Miranda

• Florinda Marin Sánchez

• Yovana Jimenez

• Atilio Acuña

• Celestino Nina Vargas

• Roger Quezada

• Sergio Gutierrez

• Tomás Fernández

 

CONFEDERAÇÃO NACIONAL DOS TRABALHADORES NA AGRICULTURA – CONTAG

 

• Alessandra da Costa Lunas

• José Wilson da Silva

• Antonio Almeida

• Inque Schneider

• Sandra Pereira

• Marcos Junior Branbilla

• Julio César Mendel

• Lucindo Alves dos Santos

• Carlos Augusto Silva

• Erivan do Carmo Silva

• Ademir Muller

• Antoninho Rovaris

• Willian Clementino Matias

• Maria José Costa

• Maria Elenice Anastacio

• Eliane Souza

• Romao Gomes

• Maria Alvez

• Noemes de Souza

• Elias David de Souza

• Margarita Salinas

 

COMISIÓN NACIONAL DE FOMENTO RURAL – CNFR

URUGUAY

ASOCIACIÓN DE MUJERES RURALES DEL URUGUAY AMRU

 

• Fernando López

• Lucia Zapata

• Angélica Rodriguez

• Antonio Gonzales

• Melina Rodríguez

• Washington L. Gaona

• Susana Rodríguez

• Lujan Bentancor

• Yanela Belsterli

• Inés Quintana

• Mercedes Bayarres

• Ana Maria Alvarez

 

MOVIMIENTO UNITARIO CAMPESINO ETNIAS DE CHILE - MUCECH

• Manuel Llao

CONFEDERACIÓN CAMPESINA DEL PERÚ

CCP

• Miguel Silva

ORGANIZACIÓN NACIONAL CAMPESINA del PARAGUAY - ONAC

• Florinda Silva Colman

UNIÓN AGRÍCOLA NACIONAL – PARAGUAY – UAN

 

• Balbino Benitez

 
Primer trimestre del Año Internacional de la Agricultura Familiar

Hoy termina el primer trimestre del Año Internacional de la Agricultura Familiar-AIAF-2014, evento en el que cada día representa una nueva oportunidad para mejorar las condiciones de vida de las mujeres y hombres agricultores familiares, campesinos, pescadores artesanos, pastores, comunidades indígenas.

En estos tres primeros meses del año se han producido tres hechos de la máxima importancia, como son  el desarrollo de 60 Comités Nacionales AIAF-2014, la Declaracíón de Abu Dhabi, firmada por organizaciones de mujeres y hombres agricultores de los 5 continentes, y la Declaración de París, durante el Salón Internacional de la Agricultura, firmada por los ministros de Agricultura de 24 países en presencia del Director General de la FAO. 

En la Declaración de Abu Dhabi se promueve, como primera demanda, el derecho de los pueblos a producir, según sus circunstancias, una buena parte de sus alimentos. Y ello como garantía de su Seguridad y Soberanía alimentarias, aspiraciones que chocan con la situación actual, donde existen, a nivel mundial,  unos pocos países exportadores y una gran mayoría de países importadores de alimentos, sin olvidar la actual ofensiva de un puñado de grandes multinacionales
que tratan por todos los medios de  adueñarse de la Agricultura, imponiendo en su sólo beneficio un insostenible modelo agrario, tóxico-productivista, contrario a toda la rica tradición rural y medioambiental de continentes enteros.

Esta situación no es ajena a la existencia del Hambre y la malnutrición en muchos países en desarrollo, que debemos erradicar entre todos, por lo cuál solicitamos que estos pueblos puedan también proteger sus agriculturas y sus mercados internos frente a un supuesto "libre comercio mundial" que les exige el desarme aduanero de sus fronteras, les inunda de alimentos subvencionados, de inversores itinerantes, agravando así  las desigualdades existentes en la producción de alimentos.

Unamos cada vez más todas nuestras iniciativas nacionales, con las de ámbito regional y mundial, para que el AIAF-2014 se convierta de verdad en una oportunidad única para construir marcos legales nacionales e internacionales favorables a la Agricultura Familiar, a la Pesca Artesanal, al Pastoreo y a las Comunidades indígenas, de forma que puedan desplegar todas su potencialidades en favor del desarrollo sostenible y solidario de sus naciones.

Alcanzaremos así la Seguridad y la Soberanía alimentarias para todos los países y pueblos, Alimentando al mundo y Cuidando el Planeta.

Cordialmente,

José A. Osaba
FRM
Coordinador Sociedad Civil-AIAF-2014

 

 

 
 
 
 
 

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